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¿Qué es la salud pública intercultural y por qué es el corazón del trabajo de Sinergias?

hace 1 día
5 min de lectura

Cuidar la salud de una comunidad empieza por reconocer los saberes con los que ella misma se ha cuidado durante siglos. Aquí explicamos cómo entendemos este concepto, por qué importa y cómo se ve en territorios donde trabajamos.



La salud se construye en la vida cotidiana y por acumulación de conocimiento: en los cuidados que se transmiten entre generaciones, en la relación con el territorio y en las decisiones que una comunidad toma sobre su bienestar. Comprenderla exige acercarse a las personas, honrar su cultura, escuchar sus experiencias y reconocer los conocimientos con los que cuidan y sostienen la vida.

Camila Rodríguez, médica y asesora técnica de Sinergias, mencionó la clave durante una conversación para este artículo: acompañar a las comunidades implica estar dispuestos a aprender de ellas. Y si bien la formación académica ofrece herramientas importantes, el encuentro con el territorio permite comprender realidades que difícilmente se conocen desde un escritorio o desde las capitales urbanas.

¿Por qué importa tanto esto en Colombia? Porque las comunidades indígenas, afrocolombianas y campesinas de zonas rurales dispersas enfrentan grandes desafíos de salud pública, producto de inequidades estructurales. Para atenderlos, las entidades externas suelen priorizar la mirada científica occidental, aprendida sobre todo en universidades urbanas. Así, desplazan los sistemas de conocimiento y cuidado que cada comunidad ha construido durante siglos en su propio entorno natural, social y cultural.

La salud pública intercultural parte de reconocer esos saberes y de propiciar su diálogo con los conocimientos técnicos y científicos, para que se complementen allí donde haya lugar, desde el respeto mutuo.

A lo anterior se suma otro lente clave: el enfoque diferencial, que ayuda a que esas respuestas reconozcan las distintas necesidades y barreras que existen y coexisten dentro de cada comunidad.

Escuchar con atención y respeto: otra forma de abordar la salud

Cada pueblo y cada comunidad tiene experiencias, conocimientos y prácticas para comprender el cuerpo, prevenir malestares y cuidar a sus integrantes. Para dialogar con ellos, es necesario conocer quiénes cuidan, cómo lo hacen y qué significado tienen sus prácticas en cada territorio.

Esta relación entre salud y territorio está presente en una entrevista reciente con la investigadora Emilia Cárdenas, quien, con participación de investigadores de Sinergias, estudió las prácticas indígenas de salud obstétrica y las experiencias de las mujeres en el Hospital San Antonio de Mitú, en el Vaupés. Allí, explica, la salud es “algo mucho más integral que entreteje el bienestar de la persona con el de la comunidad”, y abarca también la selva y los demás seres que habitan el territorio. También, señala que a la mayoría de personas indígenas en estos territorios les interesa integrar sus prácticas de cuidado con la atención hospitalaria, aunque persisten barreras que impiden la colaboración entre sistemas de salud.

Frente a estas barreras, las preguntas y prioridades comunitarias deben tener un lugar en las decisiones. La interculturalidad se vuelve concreta cuando modifica la manera de escuchar, de acordar los cuidados y de organizar la atención.

Asimismo, la diversidad entre comunidades exige respuestas construidas desde sus contextos puntuales. Una investigación publicada en 2025 en la Revista Colombiana de Ciencias Sociales, con participación de Sinergias, analizó la estructuración del Sistema Indígena de Salud Propio e Intercultural —SISPI— en el departamento del Amazonas. El estudio identificó retos de comunicación, participación y articulación con los planes de vida, y destacó la importancia del liderazgo de las organizaciones indígenas y de un acompañamiento técnico que responda a sus procesos.

En el Vaupés, el proceso documentado por Sinergias como Sobre la salud y la selva vincula la atención primaria con la gobernanza, la salud familiar y comunitaria, la salud de las mujeres y la niñez, la salud mental y la vigilancia en salud, y reconoce la relación entre el bienestar individual, familiar y colectivo y el equilibrio con el territorio.

Las diferencias dentro de cada comunidad

Dentro de una misma comunidad también conviven personas con experiencias y necesidades distintas. La edad, el género, la pertenencia étnica, la discapacidad y las condiciones del territorio pueden influir en las posibilidades de acceder a los servicios y participar en las decisiones sobre salud.



El enfoque diferencial permite identificar esas particularidades y las desigualdades relacionadas con ellas. Los lineamientos del Ministerio de Salud para comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras lo vinculan con adecuar servicios y estructuras para cerrar brechas.

Así, la interculturalidad y el enfoque diferencial se complementan. La primera abre el diálogo entre distintas formas de comprender y cuidar la vida; el segundo ayuda a reconocer quiénes encuentran obstáculos particulares y qué cambios requieren las respuestas institucionales. En la práctica, esta complementariedad invita a preguntar: ¿la información es comprensible para quienes la reciben?, ¿las mujeres pueden expresar sus preferencias de cuidado?, ¿las personas con discapacidad participan directamente?, ¿los tiempos y desplazamientos previstos son viables en ese territorio?

Esas preguntas implican revisar quiénes tienen voz en las decisiones comunitarias e institucionales. En el Vaupés acompañamos procesos de liderazgo y participación de personas con discapacidad mediante encuentros, talleres e investigación desde el territorio. Una de estas experiencias es el Grupo Motor Luz Propia, en Mitú, cuyos integrantes participan en formación, incidencia y acompañamiento comunitario. El proceso promueve el reconocimiento de prácticas tradicionales de cuidado y la incorporación de la discapacidad en los sistemas organizativos y de salud propios, para que las personas con discapacidad expresen sus prioridades y ejerzan su liderazgo.

Esta experiencia muestra que el cuidado también se relaciona con la posibilidad de ser escuchado, participar y decidir sobre la propia vida. El reto es traducir esa capacidad de decisión en cambios concretos en los servicios de salud.

Del reconocimiento a los cambios en la atención

La salud materna muestra con claridad ese reto. El estudio “Conocimientos, actitudes y prácticas del personal de salud sobre parto humanizado y culturalmente seguro”, publicado en la Revista Facultad Nacional de Salud Pública con participación de investigadores de Sinergias, evaluó a 170 profesionales y técnicos de 12 instituciones en 10 municipios del Cauca.

El 60 % obtuvo conocimientos suficientes sobre parto humanizado y culturalmente seguro, y el 81,1 % alcanzó un puntaje suficiente en actitudes. Sin embargo, solo el 16,5 % logró ese nivel en prácticas. Además, el 35,9 % manifestó acuerdo con la participación de parteras tradicionales.

Estos resultados muestran una distancia entre los conocimientos, las actitudes y las prácticas. Por su parte, las entrevistadas identifican necesidades de formación, infraestructura y organización institucional. Por ello, el desafío involucra tanto al personal que atiende como a quienes definen protocolos, asignan recursos y dirigen los servicios. La pertinencia cultural debe expresarse en condiciones reales de atención: espacios para conversar, acuerdos con quienes ejercen cuidados tradicionales y mecanismos que permitan escuchar las preferencias de las mujeres y sus familias.

Aprender a mirar con otros ojos

Esas condiciones también dependen de la manera en que nos relacionamos con las comunidades. Como dice Camila Rodríguez, “compartir con las comunidades permite aprender a mirar el mundo con otros ojos”. Los vínculos de confianza ayudan a comprender sus preocupaciones, reconocer sus capacidades y acompañar las respuestas que construyen.

Es un aprendizaje que también hacen quienes llegan de afuera. Cada año, estudiantes del Departamento de Salud Global de la Universidad de Washington viajan a Colombia con Sinergias para aprender de organizaciones indígenas, afrocolombianas y campesinas. En los testimonios que compartieron tras su visita de 2026, cuentan cómo dejaron de ver la salud como un servicio que llega de afuera para entenderla ligada a la cultura, la historia y el territorio. Y coinciden en una lección: escuchar a las comunidades antes de actuar.

Por todo ello, para Sinergias, la salud pública intercultural con enfoque diferencial es una forma de construir bienestar reconociendo los saberes, las diferencias y la capacidad de decisión de las personas. Nuestro compromiso es poner herramientas y conocimientos al servicio de esos procesos, fortalecer el diálogo con las instituciones y seguir aprendiendo junto a las comunidades.


 
 
 

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