Las claves
En 2025, fortalecimos la nutrición, el cuidado de la vida y la transmisión de conocimientos ancestrales en cinco comunidades del Vaupés —Puerto López, Santa Marta, Tucandira, Pueblo Nuevo y Puerto Corroncho— mediante la construcción y dotación de cocinas interculturales diseñadas junto con las comunidades e integradas a su vida cotidiana. Estos espacios se consolidaron como entornos seguros para las mujeres, centros de aprendizaje intergeneracional y lugares colectivos de preparación de alimentos orientados a la recuperación nutricional infantil.
El proyecto benefició a 178 familias, con más de 800 personas favorecidas directas y 1.300 indirectas, a través de talleres de elaboración y uso de utensilios tradicionales —como matafríos, cernidores, canastos y escobas—, complementados con allí donde fuera necesario. Como parte del proceso, jóvenes de las comunidades produjeron cinco videos tutoriales que documentan la elaboración de estos utensilios, así como una cartilla pedagógica.
El fortalecimiento del liderazgo femenino fue un eje central: las mujeres no solo ampliaron sus conocimientos en alimentación, higiene y cuidado, sino que también gestionaron recursos, definieron prioridades, construyeron indicadores y monitorearon los avances del proyecto.
¿Por qué era necesario?
En las comunidades indígenas periurbanas de Mitú, en el Vaupés, se identificaron dos problemáticas estrechamente relacionadas: indicadores nutricionales alarmantes en la niñez —como mortalidad infantil, enfermedades diarreicas, desnutrición crónica y anemia— y el debilitamiento progresivo de los saberes ancestrales asociados a la producción, preparación de alimentos locales y al uso de utensilios tradicionales.
Ambas situaciones comparten causas estructurales. Entre ellas está la escasa pertinencia de los servicios de salud y la educación alimentaria en el contexto biocultural; la sustitución de dietas tradicionales por alimentos ultraprocesados y contextos marcados por violencias basadas en género. En este escenario, las comunidades, a través de sus lideresas, propusieron la construcción participativa de cocinas tradicionales como espacios seguros de cuidado colectivo, aprendizaje intergeneracional y recuperación de prácticas alimentarias propias.
¿Quiénes se involucraron?
El proyecto fue liderado por Sinergias, con financiación principal de Tamarin Foundation, y se desarrolló en alianza con la Asociación de Autoridades Tradicionales Aledañas a la Carretera (AATAC), la Asociación Unión Indígena Cuduyarí (ASOUDIC), la Asociación De Autoridades Tradicionales Indígenas Del Area De Influencia Directa De La Microcentral Hidroeléctrica De Mitu (AATICAM) y las juntas de las comunidades participantes. Se sumaron aportes de la Pastoral Social, la Gobernación del Vaupés y la Oficina de la Mujer, así como recursos propios de Sinergias. El proyecto Corazón de Ají fue clave para ampliar el alcance y la sostenibilidad del proceso comunitario.
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